“La guerra nunca se detiene; solo aprende a convivir con el espectáculo”.
Introducción
Era un lunes muy normal en la escuela primaria; después de los honores a la bandera, entramos al salón con un poco de tiempo antes de que nuestro profesor iniciara la primera clase. Uno de mis compañeros nos llamó a todos los demás niños para que viéramos algo que llevaba escondido en su mochila. Una vez reunidos junto a él, sacó un videocasete VHS. Al mostrarnos el título de la película, el casete decía: “Futbol México 70”; era un documental del mundial de Futbol que se jugó en mi país años atrás.
Aunque ninguno de nosotros había ni siquiera nacido cuando se llevó a cabo ese torneo, por supuesto que sabíamos por pláticas de adultos lo que ocurrió en esa Copa del Mundo. Esa tarde llegué a casa, aventé mi mochila por los aires y corrí a ver a mi padre para pedirle permiso de para ir a casa del vecino a ver el film. Accedió de inmediato y, además, me dijo que entonces conocería al rey “Pelé”, el mejor futbolista del mundo.
Llegué a casa de mi vecino junto a un puñado de niños de mi escuela; aquello era todo un acontecimiento. Dicho vecino, por cierto, era el único en la calle, y tal vez en toda la colonia, que poseía una videocasetera con televisión a color. Todos en el barrio sabíamos que su padre iba y venía de los Estados Unidos; por eso gozaban de un nivel económico superior al promedio de la zona. El documental comenzó; aún recuerdo la voz del narrador, perfectamente sincronizada con las acciones y la historia de los partidos. Entonces llegó el momento de apreciar a la selección brasileña. Mi padre no mentía: “Pelé” parecía un jugador de otro planeta.
Pocos días después llegaron visitas a la casa debido a algún tipo de celebración que ya no recuerdo. Luego de unas horas, algunos tragos y mucha comida, se quedó el mismo grupo de adultos de siempre a platicar en la sala de la casa. Me encantaba estar presente para escuchar aquellas charlas, especialmente de las personas mayores; un grupo de señoras que empezaban a contar historias de brujas y espantos.
Pero, ese día teníamos a un invitado nuevo: se trataba del hermano mayor de mi compañero de escuela, el que nos invitó a ver la película del Mundial a su casa. Ya un poco tomado, intervino en la plática mencionando cosas de la historia de su familia, hasta que salió el nombre de otro de sus hermanos, aún mayor que él. Todos guardaron silencio; nadie sabía del muchacho, nunca lo vieron. Comenzó a hablar con la mirada fija en la cerveza que sostenía en una de sus manos. Quedé atónito cuando, en medio de lágrimas, comentó de su hermano perdido en la “Guerra de Vietnam”.
Yo nunca había escuchado de ese conflicto; la poca información que llegaba a nuestro hogar era de otros temas. Luego, una de las señoras comenzó a platicar de lo acontecido décadas atrás en su comunidad, donde los soldados llegaban para llevarse a los más jóvenes al mismo infierno de Vietnam. Dijo que, meses después, unos pocos regresaban, pero ya no eran los mismos. Algunos volvían mancos o cojos; otros más,gritaban cosas y salían corriendo de sus casas diciendo una sarta de palabras en inglés que nadie entendía. Sentado en la esquina, no pude comprenderlo. ¿Una guerra durante el mundial de fútbol? ¿Cómo era posible? Todo parecía una fiesta alrededor de Pelé.
Este ensayo analiza, desde un enfoque crítico, la relación paralela entre los conflictos armados y la historia de los Mundiales de futbol, entendidos como instrumentos contemporáneos de poder simbólico. A partir de la noción de expansionismo y dominación, explicaré desde mi perspectiva cómo la Copa del Mundo no solo es un evento deportivo, sino una herramienta de poder simbólico que ha sido utilizada por imperios y estructuras corporativas para producir legitimidad política, reforzar narrativas nacionalistas, rehabilitar reputaciones internacionales y expandir influencia económica.
Expansionismo en tiempos mundialistas
¿Cuándo fue la última vez en que el mundo no se caía a pedazos? ¿No se puede hacer una tregua al menos durante el mundial de futbol? ¿Cómo influyó el expansionismo y la dominación de la cultura americana en mi vida y en la vida de tantos otros como yo? Historias como la de mi vecino me hicieron darme cuenta de la enorme influencia que tiene el país norteamericano en México.
Con el tiempo en contra, un limitado acceso a la información, muy pocos recursos económicos y la manipulación televisiva bombardeando el subconsciente día y noche, durante mi infancia no conté con muchas oportunidades de desarrollar un pensamiento propio. Lo que observaba en las calles y escuchaba de las personas adultas moldeó mi percepción del mundo exterior. El poco inglés que pude aprender en aquellos años lo obtuve de libros de texto gratuitos, revistas y otras publicaciones que llegaban a mis manos. Rumores y comentarios de vecinos, alguna noticia en los medios de comunicación; eso era, más o menos, la mejor manera de entender la realidad.
Increíblemente, conflictos armados sucedían mientras otros aplaudíamos a nuestros héroes tratando de ganar un partido de futbol. La historia de la Guerra de Vietnam y los soldados mexicanos que participaron en ella se quedó grabada en mi mente. Aunque este evento terminó una década antes y, por su duración, abarcó casi tres Mundiales, durante los años 80 fue una de las historias de guerra más sobreexplotadas por el cine americano. Las producciones cinematográficas de la época retrataron repetidamente, y en forma a veces absurda, este tema en particular, utilizando en todo momento la ideología nacionalista de un país hecho para la guerra, saliendo siempre triunfador en los conflictos armados.
Estados Unidos como marca registrada. Esta nación tiene que entrar en conversación siempre que se hable de dinero y poder; diversos críticos sostienen que se oferta a sí misma como superpotencia protectora y dadivosa, solo para intervenir en otras naciones. Pero, ¿Realmente resuelve conflictos internacionales cualsalvador ideal de un mundo en peligro? Los mandatarios estadounidenses han sido acusados de crear problemas de la nada para después ser ellos mismos los que los “solucionan”, con el fin de utilizar y justificarsu enorme poderío militar y su presupuesto armamentista de miles de millones de dólares. Son la mejor economía global, el país de la abundancia y las oportunidades. Una cosa sí es verdad: son tan buenos para el negocio que, aun en crisis económica y con problemas internos, siguen siendo el destino turístico número uno del mundo y el que más trabajadores legales e ilegales recibe. He ahí la importancia del “branding” de benefactor y protector del más vulnerable.
Claro que, el expansionismo territorial en busca de petróleo y recursos naturales no estaría completo sin la dominación cultural de los pueblos. Estados Unidos es la marca del ganador, ¿no?. Y, ¿a quién no le gusta ganar? Por aquí cabe retomar el tema de los mundiales de futbol como distracción mediática. ¿Por qué nunca se detienen? ¿Creen que no nos damos cuenta de que nos están manipulando y distrayendo? “Pan y circo” sigue siendo la mejor estrategia.
Las Copas del Mundo llegan como el bálsamo perfecto para curar nuestras heridas y sanar nuestras almas atormentadas por tanta realidad. Únicamente se pospusieron durante la Segunda Guerra Mundial; desde entonces, no importa el conflicto internacional que se esté desarrollando, los eventos de futbol cada cuatro años son intocables. Los patrocinadores, las televisoras y, por supuesto, muchos intereses políticos han hecho de este evento la mejor cortina de humo de la historia reciente de nuestro planeta. La distracción perfecta en una sociedad global cada vez más alejada de la realidad. No importan los conflictos internacionales o las amenazas a la seguridad mundial.
Un ejemplo que tengo muy presente en mi memoria es el mundial de España en 1982 y la Guerra de las Malvinas entre Argentina e Inglaterra: enfrentamiento que despertó el morbo de los aficionados por la rivalidad dentro y fuera del terreno de juego. Dos potencias mundiales en futbol, pero fuerzas muy desiguales en cuanto a jerarquía militar. Fue hasta el Mundial de México 1986 cuando se vieron las caras; allí, Diego Armando Maradona terminó haciendo “justicia” para sus compatriotas, descalificando a sus enemigos en cuartos de final del torneo, ayudado de “la mano de Dios” y acompañado de un equipo de época.
De ese modo continuaron los Mundiales, realizándose a la par de conflictos internacionales, en medio de escenarios tan surrealistas como: la invasión de Estados Unidos a Irak con la excusa de la existencia de armas de destrucción masiva —pretexto tan absurdo como las “controversias políticas con Venezuela”—, la operación “Tormenta del Desierto” en Kuwait o la guerra en Afganistán, de casi dos décadas de duración, que finalizaría con la retirada de las tropas americanas. Todos estos absurdos son equiparables con el capricho de la construcción de estadios de futbol en Sudáfrica para el Mundial de 2010, donde el grueso de tal población carece de recursos básicos para sobrevivir. Después del engaño descarado de un grupo de empresarios adinerados, los cuales llenaron sus bolsillos de millones de dólares llevando el Mundial a aquellas tierras exóticas, dicho país quedó con un puñado de “elefantes blancos” que se caen a pedazos debido al desuso, conservando entre sus ruinas una historia denostable de abuso y mano de obra explotada por años para construir los sueños de unos cuantos dirigentes sin escrúpulos.
A su vez, Qatar 2022 no se quedó atrás en lo patético y sin sentido. Un Mundial “negociado” con Estados Unidos, que supuestamente sería el organizador ese año, comprado por un grupo de multimillonarios con sueños de grandeza y petrodólares suficientes para construir una ciudad con playa en medio del desierto. El Mundial, entonces, terminó en tierras saudíes: territorio totalmente ajeno a cualquier tipo de tradición futbolera, pero en el corazón financiero del mundo actual.
Volviendo a México, ha estado en todos los mundiales… menos en uno. Haciendo de lado ejemplos de corrupción más sonados en México, como la multipropiedad de equipos, los dobles contratos, el nepotismo y los arreglos entre directores técnicos y representantes para la compra-venta de jugadores, comentaré un escándalo sumamente vergonzoso a nivel internacional. Ocurrió en el Mundial de Italia en 1990, el cual se jugó sin nosotros. Esto fue debido a que, previo al evento y en plenas eliminatorias, alguien decidió investigar lo que durante años se había hecho con total normalidad y absoluto descaro. Un periodista deportivo indagó más a fondo en esa antigua práctica de jugar con registro falso. Como si el neologismo suavizara el delito: Cachirules. Una palabra casi simpática para una práctica profundamente corrupta.
Los que jugamos futbol amateur lo veíamos cada fin de semana. Nunca pensamos que ocurriría a nivel profesional. Jugadores mayores de edad participaban en torneos de categorías menores para sacar ventaja deportiva utilizando actas de nacimiento falsas. No uno, no dos; muchos. Una estructura completa montada sobre el engaño. No era un error administrativo ni un descuido aislado; era un sistema. El castigo por parte de la FIFA fue ejemplar: estuvimos suspendidos de todos los eventos internacionales por cuatro años.
Como es de conocimiento de muchos aficionados a este deporte, la participación de la selección mexicana es no solo muy recurrente, sino también esperada, dentro y especialmente fuera de la cancha. El colorido, la alegría y el folclor que los mexicanos impregnamos a los eventos cada cuatro años es conocido mundialmente. Desafortunadamente, no podemos decir lo mismo del nivel futbolístico tan malo que exhibimos en cada edición del torneo, siendo tristemente un pase a octavos de final en 1986 nuestro logro más preciado, quedando eliminados en casa por la selección alemana. Desde entonces, soñamos con llegar a ese famoso quinto partido que, para nosotros los mexicanos, sería como ganar el certamen.
Ahora hablaré del próximo Mundial de futbol, Estados Unidos 2026. Esta ocasión no solo serán conflictos armados y países siendo invadidos los acontecimientos que viviremos a la par; simultáneamente, también tendrá lugar la peor tensión política dentro de un país anfitrión del evento en muchas décadas. El clima de xenofobia, persecución en contra de minorías y racismo que existe en tal país país hoy en día va a complicar mucho el desarrollo del gran evento, disminuyendo la afluencia de aficionados y afectando el espíritu de la fiesta.
Mientras Ucrania se encuentra en guerra, Venezuela está siendo invadida y manoseada como mercancía en el mercado por parte de las grandes compañías petroleras; Irán es bombardeada por no alinearse con el imperio y Groenlandia es acosada por el mismo comprador compulsivo; y así vamos a ser testigos de otro Mundial en el país más rico y poderoso del planeta. Veremos un evento lleno de división y tensión política. En medio de todo este caos, te pregunto, aficionado al futbol: ¿Cómo será posible disfrutar de esta Copa del Mundo?
De tal modo, para mí se cumplirán casi 50 años de ver futbol y más de una docena de Mundiales —cada uno con su colorido y sus singularidades— a la par de guerras y conflictos internacionales. Surgirán nuevas estrellas mientras otras más dejarán el escenario para las jóvenes promesas con hambre de poner sus nombres en la lista de leyendas de este deporte. Millones de personas en el mundo estarán pendientes de la pantalla. Durante poco más de un mes, nuestras almas se juntarán en un solo grito, pero seguramente éste cubrirá, ocultará, otros gritos cuyo origen no será la algarabía deportiva: el de aquellos que no tienen la misma suerte; esos que viven en países en guerra, los que son violentados por sus gobiernos o simplemente no cuentan con los recursos para disfrutar el mayor evento deportivo del planeta ni siquiera por televisión. Mención especial para esos jóvenes que, en lugar de estar jugando futbol, practicando otro deporte o simplemente volviendo locos de amor a sus padres y familias, están en el campo de batalla, luchando en contra de personas que ni siquiera conocen, por ideales que no son suyos.
Una nube de alborozo cruzará de nueva cuenta nuestros cielos, mientras en el horizonte la utopía de la paz mundial se aleja cada vez más cuando intentamos alcanzarla. ¿Para qué seguir persiguiéndola? No lo sé muy bien, pero tal vez sea para que algún día podamos apreciar este deporte que tanto amamos en un mundo en armonía… aunque sea solo por un par de meses.
Reflexiones finales
Desde las sombras y en mi trinchera, concluyo este ensayo diciendo: espero que algún día se terminen el expansionismo y la dominación entre naciones, y que los líderes mundiales llenen por fin sus bolsillos de lo necesario y desistan de una vez por todas de la idea del control y saqueo a otras regiones del planeta. Quisiera que por fin podamos ver un Mundial de futbol en paz, como debió ser desde el principio, a sabiendas y conscientes de que no existen países en guerra. Tal vez el problema no es el futbol, sino lo que elegimos no ver mientras lo estamos observando.
¡Viva el futbol!
Cronología de los mundiales de futbol contemporáneos y los conflictos armados que han ocurrido paralelamente
La historia demuestra que los Mundiales no son eventos aislados del contexto global. Por el contrario, han coexistido sistemáticamente con guerras, tensiones políticas y procesos de dominación, funcionando como herramientas de legitimación, distracción o expansión simbólica. En este apartado nombrarécronológicamente los conflictos que han ocurrido a la par de los mundiales de futbol.
Cabe resaltar entre todos ellos La Guerra de Vietnam, la cual representa uno de los ejemplos más claros de expansión geopolítica indirecta durante la Guerra Fría. Mientras Estados Unidos intentaba contener la expansión del comunismo, los Mundiales de futbol continuaban desarrollándose como espectáculos globales, reforzando una narrativa de normalidad en un mundo profundamente dividido.
Durante casi dos décadas, el conflicto coexistió con cinco Copas del Mundo, demostrando que el futbol no detiene la guerra, sino que convive con ella, muchas veces funcionando como distracción o como reafirmación simbólica de las identidades nacionales.
1934 – Mundial de Italia
Contexto: Régimen fascista de Benito Mussolini.
Conflicto paralelo: Consolidación del fascismo en Europa.
El Mundial de 1934 fue utilizado como herramienta de propaganda por el régimen fascista italiano, en un momento en que Europa avanzaba hacia conflictos mayores. Representa uno de los primeros usos del deporte como legitimación política.
1938 – Mundial de Francia
Conflicto paralelo: Anexión de Austria por Alemania (Anschluss).
La anexión de Austria por la Alemania nazi obligó a su selección a retirarse del torneo, evidenciando cómo el expansionismo territorial impacta directamente en el deporte.
1950 – Mundial de Brasil
Conflicto paralelo: Posguerra (reconstrucción global tras la Segunda Guerra Mundial).
Primer Mundial tras la guerra. Sirvió como símbolo de reconstrucción emocional global y retorno a la normalidad.
1954 – Mundial de Suiza
Conflicto paralelo: Inicio de la Guerra Fría.
La victoria futbolística de Alemania Occidental representó su reintegración simbólica en el sistema internacional tras la guerra.
1958 – Mundial de Suecia
Contexto: Inicio de la Guerra de Vietnam (fase temprana).
Vietnam ya estaba dividido y el conflicto comenzaba a gestarse, aunque aún sin intervención masiva de EE.UU.
1962 – Mundial de Chile
Contexto: Escalamiento inicial de la Guerra de Vietnam.
Estados Unidos incrementaba su presencia como asesor militar, preparando el terreno para una intervención directa.
1966 – Mundial de Inglaterra
Contexto: Guerra de Vietnam en pleno auge (máxima intensidad).
Para este Mundial, Estados Unidos ya tenía cientos de miles de soldados desplegados en Vietnam. Era una guerra abierta, televisada y cada vez más impopular.
1970 – Mundial de México
Contexto: Crisis moral de la Guerra de Vietnam y protestas globales.
La guerra generaba protestas masivas en EE.UU. y el mundo. Eventos como la masacre de Kent State (1970) reflejaban la tensión social interna.
1974 – Mundial de Alemania Occidental
Contexto: fase final de de la Guerra de Vietnam.
Estados Unidos ya había comenzado a retirarse, pero la guerra continuaba. El conflicto estaba cerca de su desenlace.
1978 – Mundial de Argentina
Conflicto paralelo: Dictadura militar de Pinochet (1976-1983).
El Mundial funcionó como propaganda estatal mientras ocurrían desapariciones forzadas y represión sistemática.
1982 – Mundial de España
Conflictos paralelos:
- Guerra de las Malvinas (finalizada días antes).
- Guerra del Líbano (iniciada durante el torneo).
España proyectaba estabilidad democrática mientras el mundo vivía conflictos activos. El torneo coexistió con tensiones bélicas globales.
1986 – Mundial de México
Conflicto paralelo: Secuelas de la Guerra de las Malvinas.
El partido Argentina vs Inglaterra simbolizó una “revancha emocional” del conflicto bélico reciente.
1990 – Mundial de Italia
Conflicto paralelo: Caída del bloque soviético (1989-1991).
El Mundial marcó el inicio del futbol como industria global en un nuevo orden internacional.
1994 – Mundial de Estados Unidos
Conflicto paralelo: Narcotráfico en América Latina.
El asesinato de Andrés Escobar evidenció la infiltración del crimen organizado en el futbol y su vínculo con apuestas ilegales.
2002 – Mundial de Japón/Corea
Conflictos paralelos:
- Guerra en Afganistán (iniciada en 2001).
- Tensión India-Pakistán (potencias nucleares).
El torneo se jugó bajo el nuevo paradigma de la “guerra contra el terrorismo”, con tensiones nucleares en Asia.
2010 – Mundial de Sudáfrica
Conflicto paralelo: Crisis estructural post-apartheid + corrupción FIFA.
El Mundial evidenció desigualdad estructural y dejó infraestructura costosa con bajo uso posterior.
2014 – Mundial de Brasil
Conflicto paralelo:
- Crimen organizado en favelas.
- Protestas sociales masivas.
El Estado militarizó zonas urbanas para garantizar la seguridad del evento, revelando tensiones internas profundas.
2018 – Mundial de Rusia
Conflicto paralelo: Tensiones con Occidente y política autoritaria.
El torneo funcionó como herramienta de “sportswashing” para mejorar la imagen internacional del país.
2022 – Mundial de Qatar
Conflicto paralelo:
- Crisis de derechos humanos.
- Explotación laboral migrante.
El Mundial evidenció tensiones entre negocio global y ética, con denuncias de abuso laboral.
2026 – Mundial de EE. UU./México/Canadá
Conflicto paralelo: Guerra en Ucrania, ataques a Irán, derrocamiento de Maduro en Venezuela.
- Políticas antimigratorias.
- Polarización política.
El torneo se desarrollará en un contexto de control migratorio y tensiones sociales, cuestionando el ideal de inclusión del futbol.
Este artículo fue publicado originalmente en Revista aion.mx
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